Las Historias que Cuentan tus Prendas

Desde la salida al mercado de la “Fast Fashion” los consumidores hemos olvidado preguntarnos qué hay más allá de las prendas que usamos, las tendencias que pasan de manera rápida y el ciclo masivo de producción y consumo nos han estado adentrando en un bucle de comprar y tirar que usualmente nos enceguece ante el real valor de las cosas. En economía se dice que “Comprar es la Nueva Felicidad” y bajo esa premisa se nos han olvidado los detalles que se esconden bajo las ropas o cada cosa que adquirimos; un inmenso deseo por pertenecer a las grandes masas nos empieza a tildar de insensibles e incluso de insensatos.

Tan solo cuatro años atrás el edificio de rana plaza se derrumbaba en Bangladesh dejando al descubierto las bajas condiciones de los trabajadores de las maquilas que cosen para las grandes marcas alrededor del Mundo; incluso hoy se sigue vislumbrando la triste tragedia que esconde La Moda;  Esto no puede seguir sonando a un discurso hippie que nos remonte a las marchas memorables de "Peace and Love" de los años 60´s; es la realidad que estamos afrontando tras el crecimiento desmedido de la población y el ciclo de renovación del planeta, el cual estamos en rutando aceleradamente con nuestro gasto desmedido de recursos.

"Nuestra ropa reafirma cómo queremos proyectarnos ante el Mundo; en la mayoría de los casos, la elección de nuestras prendas, el color que usualmente llevamos, los accesorios o no, el estilo, dan rasgos de nuestra personalidad..."

Pero más allá de un discurso materialista, es aún más cierto que debemos volver los ojos a nosotros mismos y escudriñar dentro de nuestra mirada lo que en realidad somos; estudios sicológicos afirman que nuestra ropa reafirma cómo queremos proyectarnos ante el Mundo; en la mayoría de los casos, la elección de nuestras prendas, el color que usualmente llevamos, los accesorios o no, el estilo, dan rasgos de nuestra personalidad; pero si eso es verdad, ¿por qué no preocuparnos por las historias que cuentan nuestras prendas? Así cómo nos reusamos a botar la piyama de ositos preferida porque nos fue regalada en una fecha especial, así como seguimos guardando durante décadas el sweater que tejió nuestra abuela aunque ya no nos quede bueno, así como conectamos con cierta ropa y que atesoramos como parte de nuestra vida; así es como deberíamos implicarnos con cada una de nuestras prendas y realmente conocer de dónde viene lo que usamos.

En una era donde el origen de lo que comemos empieza a importar por diferentes razones; salud, protesta por el uso indebido de semillas transgénicas, etc; y revisamos la etiqueta o escogemos cuidadosamente dónde comprar; así mismo debería ser un hábito saber escoger inteligentemente qué ponemos sobre nuestro cuerpo y valorar el trabajo de quienes están detrás de la cadena comercial que dio origen a nuestras prendas; porque esa decisión de compra nos hace responsables indirectos de sus consecuencias y porque es la Industria textil la segunda más contaminante del planeta.

¿Te has puesto a pensar en las historias que cuentan tus prendas?

Si hoy te dijera cuéntanos ¿De dónde viene tu chaqueta? ¿Podrías responder ampliamente? Si te dijera que detrás de la etiqueta que traen tus jeans “Hecho en Camboya” hay una familia que no puede permitirse un tratamiento médico tras haber sido diagnosticada de intoxicación por pesticidas debido a su salario paupérrimo; ¿Te importaría? Si te contará que ese hermoso vestido en oferta que viene de la China trae en su etiqueta una Mujer vulnerada y explotada, que ni siquiera puede darse el lujo de comprar una prenda que ella misma cosió; ¿cerrarías los ojos y aun así lo llevarías?.

La Moda también está revolucionando, pero se necesita de una presión más fuerte por parte de los consumidores para que se revele la transparencia dentro de sus procesos, para que respete cada una de las personas implicadas en la cadena productiva y para que vaya acorde con el ciclo natural del planeta, una producción más limpia y una disminución más amplia del desecho. Amar nuestras prendas nos hace revolucionarios, pero para amar hay que conocer la historia, hay que enamorarse del tejido, de la ilusión adherida en el diseño, de los sueños que tras una máquina de coser se fundieron en cada hilo; amar cómo nos hace sentir la textura sobre nuestra piel, amar es para siempre, amar es cuidar y es sentirse orgulloso de contar la historia que llevamos puesta.

Si tu ropa expresa lo que eres, ¿Por qué no utilizarla para cambiar la sociedad!?.

 

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